Normalmente cuando escuchas a un científico hablar acerca de un estudio, generalmente lo hacen a través del método científico y empleando la investigación cuantitativa.
Sin embargo cuando se trata de personas, de etnias, de grupos sociales, estamos hablando ya de una investigación cualitativa.
La diferencia entre estas dos está en la distancia. Puedes estar empáticamente relacionado con lo que estás estudiando o procurar ser lo más objetivo posible.
El error proviene de subestimar tanto un proceso como el otro, y el uso de la técnica empleada ayuda a solucionar, en cierta medida, dicho inconveniente.
En el momento en que un investigador entra en el área humana, el estudio de la persona o de una serie de aspectos de esa persona, se adentra en su mundo. Se hace muy necesaria la capacidad empática para poder comprender el pensamiento ajeno. Pero también se hace muy útil el proceso de distanciamiento, para no alejarse de una objetividad aceptable.
Aún así, un médico por muy objetivo que espere ser, cuando se trata de operar tiene que intervenir y en esa intervención no deja de ser un investigador de campo. Por ejemplo, se han dado intervenciones en las que el profesional ha visto algo y ha dejado de operar para no causar más daño. Esto quiere decir que nunca una persona es totalmente objetiva ni totalmente subjetiva.
Por ello a la hora de prevenir, diagnosticar e intervenir hay que saber guardar las distancias y también sacrificarse para acercarse a veces hasta puntos que nos hacen obtener información importante acerca de la persona que deseas ayudar a crecer, para que mejore en lo que está aprendiendo. Sea lo que sea.
El poder controlar la distancia, el alejarse o acercarse hacen del investigador-interventor una persona mucho más efectiva. En el ámbito educativo es muy práctico este procedimiento aunque conlleva trabajo y paciencia. En otros ámbitos habría que analizar los distintos caminos y procedimientos a seguir.
Así que, guardemos las distancias.
D.M.